El rayo que no cesa
Jorge Pirozzi, perseguidor del desasosiego

Espero que algo de todo lo que alguna vez el animal insobornable de mi adolescencia puso en marcha, sobreviva” (Pirozzi)

Una obra de arte lograda es siempre un intento logrado de unir lo que se desmorona” (Hans-Georg Gadamer)

Buscamos algo que nos ha encontrado” (Jim Douglas Morrison)

Esta muestra representa un acontecimiento entre la miopía que parece amenazar al arte planetario. Miopía que nace en el defasaje entre el acceso masivo e indiscriminado a la información y el impulso, el trabajo del artista.
Acentuada por la dudosa recepción del conceptualismo anglosajón que erigió su
campo de acción en el arte mismo y así como Onán derramó sus fluidos en la tierra las ideas se pierden, la obra deja de ser un fenómeno, algo que tiene que pasar, y no es nada. No hay factum, sólo conceptos vacíos. Un deseo que no termina de concretarse.
Se exponen en un galpón ideas que caben en una mesita de luz, como bien observó Miguel Briante.
En los últimos 18 años el nombre de Pirozzi desapareció progresivamente de catálogos, comentarios y notas. En 1992 y 1998 realizó las dos exposiciones individuales que haría en ese decenio. Las fechas son, tristemente, graciosas.
En ésta década nefasta cuando el arte comenzó a venirse livianito y las hordas organizaban el vaciamiento, a uno de los mayores pintores argentinos las fauces del olvido lo acecharon.
Veo en Pirozzi a un artista obsesionado con lo permanente. Lo permanente, lo que perdura por fricción y vibraciones propias y no lo eterno, lo que no se modifica.
Hölderlin escribió que eso “[lo permanente] lo fundan los poetas".
Por esto, y no por el mero ejercicio del verso, pienso en la pulsión de Pirozzi como en la de un poeta sobre el que recae la sospecha de demencia.
Veo a un castigado por su condición de artista vidente, esos que sostienen la
contundencia.
Un mundo engendrado en la liviandad rechaza al que se enceguece de mirar. La
libertad individual es una práctica castigada por “los abanderados del arte”.
Pintor, teórico lúcido, cineasta, luthier, escritor de pluma ácida, su laboratorio de alquimia bien podría ubicarlo en ese cuadro mágico integrado por Macedonio, Xul Solar, Ricardo Carreira, buscadores infinitos con poco espacio en los anales oficiales y molestos para muchos de sus contemporáneos.
A Pirozzi se lo niega por su mayor virtud: la de lograr algo perdurable.
El caos-germen pirozziano está fuertemente arraigado a ese lema que un francés les exigió a los pintores: ¡guerra al cliché!. El camino para la aniquilación del cliché no es otro que quitar, ir sacando.
En la actividad de Pirozzi, que recurre mucho al trabajo en serie, se presenta una deconstrucción sucesiva (término ambiguo, porque el tiempo no es lineal y Pirozzi lo sabe) donde la materia muta o disminuye para dar lugar a la luz o la figura volviendo, indefectiblemente, al dibujo.
Aparece también una gran tradición, que se deja ver en algún color, forma o líneas, pero alejado de cualquier eco o imitación porque la tradición por él es entendida como un conjunto de comprendios vitales con mucho para aportar y no como intención de salvaguardar el pasado para canonizarlo.
Pero nadie mejor que él para hablar sobre su relación con la pintura:

“A veces pensé que lo que yo hacía (es muy pretencioso lo que voy a decir) era
igual a lo que hace un pigmeo: en cada una de sus tribus hay un especialista
que caza elefantes, arriesgando su vida al perseguir a estos grandes animales.
El cazador tiene una pulsión hacia el elefante, tiene una función precisa que es
perseguir su presa, algo que a veces se escapa.
Persigue algo. Eso es lo que para mí pasa con la pintura, pero peor todavía porque con la pintura nunca se ve al elefante, nunca sabés lo que estás persiguiendo, siempre estás aproximándote a algo muy extraño, que no sabés qué es.
Hay pintores que creen haber conseguido algo, yo sé que conseguí la sensación
de haber estado cerca de algo, que no sé qué es, y eso es lo que me hace reincidir.”

Reaparece Pirozzi, reincidiendo. Buscando algo, que lo ha encontrado.


Dante Sepúlveda
Don Torcuato, otoño de 2009

 

JORGE PIROZZI
Brutal y minuciosamente
(obra inédita 01/09)

5 de junio de 2009 a 17 de julio de 2009
June 5th, 2009 to July 17th, 2009



 

 
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