Conozco la obra de Guadalupe Fernández desde hace ya varios años, y he presenciado con creciente interés las sutiles transformaciones que asumió su modo sensible de abordar al paisaje, siempre con la fuerte permeabilidad anímica que le es característica, la cual se nutre de una sólida vinculación de ella como artista con la tradición, singularmente combinada con una cierta toma de distancia y de reflexión conceptual muy propia de los abordajes contemporáneos.

Guadalupe parece separarse del espíritu romántico sin abandonarlo del todo, para buscar una cierta síntesis ornamental que por momentos se tiñe audazmente, con deliberada ironía, de una decoratividad casi candorosa, lo cual en ningún momento deja de sumar capas de profundidad y significación a una pintura sumamente reflexiva. La artista engalana sus elaboradas tramas con un trabajo de pincel minucioso y refinado, y en el contraste de aquellas con los volubles planos de color se revela una paleta tan vibrante como riesgosa, tan sorprendente como equilibrada; del lienzo se eleva invariablemente un notable clima de misterio que parece exceder la engañosa simpleza de sus arquitecturas escénicas para sugerir la irrupción de una incógnita otredad allí mismo, en esas geografías y botánicas que parecen tan accesibles y cercanas.

  Eduardo Stupia

 

 

GUADALUPE FERNANDEZ
Fulgor


8 de mayo de 2008 a 6 de junio de 2008
May 8th, 2008 to June 6th, 2008



 

 
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