CATASTROFE

“Sin fuerza no hay cuadro”
Gilles Deleuze

El concepto de artista joven genera suspicacias desde aquella apreciación de Sartre en la cual deslizó que es intrínseco a la burguesía. Con las utopías (y el sistema) por el piso buscar una definición en ese sentido es, al menos, peligroso.

La actividad de cada pintor determina su contemporaneidad, Duilio Pierri lo dijo con simpleza: un artista joven es el que está pintando ”.

En los tiempos que corren la fuerza parece haber dejado de ser un factor determinante en la creación artística. Digo esto por la flacidez que se deja ver en las paredes o en la invasión de algunas formas de expresión, funcionales a la massmedia. Ante tanta desolación la pintura aparece como una forma de resistencia, contra el cliché, contra la frialdad de cualquier soporte electrónico, contra sí misma cuando las circunstancias lo requieren. Claro que sus problemas nacen de ciertas prácticas en las relaciones de las personas que conforman “el circuito arte”. El grueso de los jóvenes planea “su carrera” a base de relaciones y contactos. Con tres o cuatro cuadros hacen cola en las galerías, desfilan por la selva de neón. Basta rondar por algún sucucho palermitano o por el hedor de alguna calle aledaña al casco histórico para ver este espectáculo.

Es curioso el hecho: lo que fue revolucionario a fines del siglo XIX, en la transición a las vanguardias, hoy es insalubre. En aquella época algunos abandonaron el atelier y salieron al campo a pintar el paisaje en primer plano: los árboles, el pasto, sus acentuadas ondulaciones. Ahora, en los albores del nuevo milenio, ese campo ha desaparecido y salir significa moverse en un mundo de esnobs ávidos de fotos y champaña. Con este panorama lo mejor parece volver al taller. Esta es una característica que comparten los artistas que Damián Masotta y Maggie de Koenigsberg seleccionaron. Ellos se encierran a pintar, trabajan libremente, intervienen, experimentan. Por eso no sorprende que sean tan prolíficos. Entre estas arriesgadas propuestas encontramos las de Maik Daly y Vicky Gutiérrez quienes en sus creaciones parten de lineamientos clásicos y avanzan hasta alcanzar la mancha, una herencia que a la historia del arte le cuesta digerir. Victoria nos habla desde el color, desde lo opaco hasta impactar en las miradas distraídas, iluminando, haciendo visible. El andar de Maik está atravesado por el caos: una vertiginosa pincelada convive con formas y selacios marinos. De los soportes que usa, la tapa de inodoro (re-utilizable y a medida) constituye una ingeniosa vuelta de tuerca al devastador efecto de un mingitorio que desató la abulia en gran parte de las décadas posteriores y cuyos alcances son difíciles de precisar.

En esa intratable libertad también empieza el camino de Flor Orenesu, Alico Roviralta y Roberto Conlazo. Este último con la asociación libre como bandera nos hace pensar en el Art Brut de Jean Dubuffet. Múltiples cuadros dentro de uno, rostros amorfos vestidos con colores saturados pueblan sus telas. Los seres a los que da vida Florencia pueden recordarnos la iconografía latinoamericana de Drago ( Xul Solar, 1927) pero con una nueva propuesta de color, desde el marcador en papel hasta la puesta en escena sobre el lienzo.

Obsesionado con la traslación de los polos, lo que significaría la destrucción de la tierra, Alico imagina el colapso del cosmos, entre espacial y digital, como si el imparable avance tecnológico propiciara ese final. Parece haber escuchado la observación de Jorge Pirozzi: no hay nada más virtual que la pintura.

Un sismo. Algo que tambalea. Un poco de ruido no viene mal después de la inefable siesta de los ¨90.

Dante Sepúlveda

 

ROBERTO CONLAZO, MAIK DALY, VICTORIA GUTIÉRREZ
FLORENCIA ORUNESU, ALICO ROVIRALTA

Catástrofe
Curadores / Curators: Damián Masotta, Maggie de Koenigsberg

24 de abril de 2009 a 29 de mayo de 2009
April 24th, 2009 to May 29th, 2009



 

 
© 2007. MasottaTorres