Bizarra

El español más clásico dice que “bizarro” es valiente, esforzado, una cualidad que denota un porte erguido, un carácter firme. El calco semántico de origen francés o inglés habla en cambio de lo extraño, extravagante, anormal, atípico. También se adjetivan como bizarras, siguiendo el uso no normativo, a aquellas obras de arte que no pueden catalogarse y que de alguna manera rompen con los cánones estéticos tradicionales y vanguardistas.

Hoy se nos presenta Bizarra, una muestra que lo es en los dos sentidos anteriores, de carácter y personalidad brutal, en la obra de Marcelo Bordese , Carlos Masoch y Miguel Ronsino.

Bizarra porque está erguida en la propuesta de sus imágenes que no buscan sino inquietar y traspasar las fronteras de la primer mirada que suele ser rápida y superficial. De golpe y sin aviso nos lleva a ultratumba, a lidiar en los siete círculos infernales circulando por las tres versiones o caminos alternativos que conducen a los mismos sitios de misterio, metáfora, ironía y poesía compleja. Una poética que hay que digerir para lograr saborear. No es una muestra para pasar de largo tomando champagne y “divertirse”, es una propuesta para sumergirse y bucear con tanque de oxígeno en la espalda. Es posible, si nos animamos a hacerlo, que salgamos a la superficie con las mejores perlas en la boca. Es cierto también que las obras de la muestra se salen de los esquemas, de las escuelas y sobre todo de las modas (si esto es posible). Y se corre de esos sitios desde su nacimiento mismo, en la mente y el accionar de los tres artistas.

Marcelo Bordese , fiel a si mismo y a su mundo personalísimo, nos lleva a la evidente belleza de la monstruosidad, recorremos con él espacios de claroscuro existencial y mental, lindando locura, misterio, mística, sadomasoquismo y pornografía religiosa. Pero en Bordese a la vez, nada es todo lo anterior, su obra es solo Bordesiana, una marca que no es un estilo ligado a un tipo de imagen determinada, sino a un camino que es búsqueda de quien ha optado por los abismos y los contrafrentes, las sombras y las medias luces, la incertidumbre y la fantasía más absoluta. Ante las obras de Bordese se ponen en crisis las certezas de lo que creemos es belleza, pintura del presente y arte. Eso es lo maravilloso, la crisis.

Carlos Masoch presenta una serie de obras de pequeño y mediano formato que se van señalando mutuamente, empezando en el único autorretrato inicial que nos marca un posible recorrido y, al estilo de ciertas pinturas renacentistas donde las direcciones de la composición guian la mirada del espectador en un juego que va de la vista de un niño a la mirada de la madre santa, del dedo rector de otro personaje al corazón de un tercero, las obras de Carlos Masoch nos van llevando en círculos concéntricos a distintos niveles de preguntas, de metáforas, de chistes, de guiños, donde cada uno señala al otro y los demás señalan al uno. La urdimbre está armada y es bizarra. Masoch también es un inclasificable, se nos escapa y eso sucede en los pintores auténticos: ahí está la vitalidad de una obra y una de las claves para responder a la pregunta ¿acá hay arte? Si se escapa, hay arte, si la podemos agarrar, dudamos si lo es. Metáfora y misterio al decir heideggeriano.

Miguel Ronsino presenta otro pliegue de esta bizarreidad que entre los tres artistas han decidido complotar: su universo vecino y dialogante con el de Bordese y Masoch tiene muchos puntos de dónde partir y a dónde dirigirse. La suya es la estética del laberinto, hecha para perderse en la esquizofrenia aparente de sus múltiples personalidades plásticas, nos acostumbra a ir por un sitio y de repente encontramos que caemos en otros, somos Alicia en el país de las maravillas de Ronsino. Alicia siempre atrae porque produce angustia, ese clavo irritante instalado en el plexo solar, excita siempre su aparente incoherencia, su misterio desesperante. Es el desconcierto que inquieta y atrae en la infantil comprensión del mundo humano, aquel mundo que es el realmente real, el interno, el misterioso, el nunca acabado en su comprensión. Alicia siempre es la que lleva a recordar aquello de que no sabemos casi nada de la mente y su funcionamiento. Y hoy aquí Ronsino/Alicia es eso: un conejo paseador que nos lleva corriendo tras pájaros misteriosos a paisajes bucólicos en atardeceres rojos en el planeta Marte, que a la vuelta de la esquina y de repente se pueblan de rostros con frases que surgen de sus bocas y manos que revientan bajo clavos salvadores. Se sale, Ronsino siempre se sale, no sabemos en qué estante ponerlo, tiene la libertad de pasearse sobrevolando toda la historia del arte, tamizar su postre con el mejor kitsch, arrumar la obra hasta hacerla hervir y proponer una comida espesa, cálida, alimenticia de sabores fuertes que no son gourmet sino más bien del tipo de los que producen los magos, las brujas, los alquimistas, los hueseros, espiritistas, santos y curanderos.

En tiempos de bizarreidad mediática producida en camarines, BIZARRA, el museo del rayo nos transporta de la mano por un camino que a nadie pensante le puede resultar extraño o alterador, simplemente porque es un andar humano en medio de la incertidumbre que es la vida, el misterio, la mente, el sueño, la llamada realidad y las interpretaciones poéticas de los artistas.

Nada puede ser tan extraño para nosotros en tiempos donde lo realmente bizarro es ser como todos dicen que hay que ser.

Damián Masotta, Octubre 2010

 

 

MARCELO BORDESE, CARLOS MASOCH, MIGUEL RONSINO
Bizarra, el museo del rayo


7 de octubre de 2010 a 26 de noviembre de 2010
October 7th, 2010 to November 26st, 2010



 

 

 
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