Todo el tiempo

La pintura es su técnica pero también su pasión y su militancia: la resistencia de los materiales, el vuelo de la mano que dibuja y crea, el intervalo necesario para observar y saber qué llegará a la tela; todo eso forma parte de su arte y de esta muestra, Tiempo.

Por Dolores Curia

Las hay candentes u oscuras, apacibles o furiosas. Todas las temperaturas y todos los colores aparecen en las obras de Guadalupe Fernández. Todas surgen del encuentro directo con el paisaje en estado salvaje.

“Tiempo” es “Duración de las cosas sujetas a cambio”, asegura la Real Academia Española. De tiempo se valió Guadalupe para zigzaguear de un lado al otro del Río de la Plata (Buenos Aires - Colonia), en un proyecto llamado “Hacia la ribera”, y pintar los parajes costeros. “Tiempo” significa muchas cosas en el arte —tiempos de producción y de contemplación—. Y “Tiempo”, también, es lo que da nombre a esta muestra: “Tiempo como título me pareció muy acertado —explica la artista— porque, desde el punto de vista filosófico, siempre fue uno de los grandes temas. En los cuadros hay un tiempo y ver un cuadro lleva un tiempo. También hay tiempos climáticos que transcurren en ellos. Existen, además, tiempos subjetivos.”

La pintora reivindica el contacto con el mundo preurbano (si es que esto todavía es posible). Nos tienta con volver a jugar con el agua, con la tierra, y volver a embarrarnos: “Yo trabajé mucho con Marcia (Schvartz). Con ella salíamos a pintar afuera. También doy talleres al aire libre, no porque sea lo ‘más' sino porque es un buen disparador, un puntapié para crear tu propia imagen”. Sobre todo, Guadalupe insta a vérselas cara a cara con las complicaciones de la mano alzada y el trabajo con los materiales: “Volver a darle importancia a la mano está bueno, activa tu cabeza en una época en la que todo es cortar, pegar, botón, delete. Quedarte solamente con eso te aleja de tu infancia, de lo real, de las dificultades”.

Cuando la charla se pone retrospectiva, ella —ferviente enamorada de los óleos y la carbonilla— celebra con pitos y matracas que los ‘90 ya sean historia (tanto en el arte como en la economía): “Los ‘90 tienen eso: cosas muy originales y cosas tremendamente tristes, vaciadas de contenido. Romper un lenguaje era bueno pero eso vino acompañado por una situación económica y cultural devastadora. Lo que en un momento es vanguardia, después, aplasta todo lo demás, se canoniza”. Guadalupe se mantuvo fiel a la pintura, en un momento en el que pintar era remar contracorriente y confiesa: “Lo económico, que, en definitiva, es lo que domina casi todo, estaba totalmente marcado por tendencias globalizadoras. Eso se veía en el arte también. Había una pérdida de identidad no sólo como país, sino como sujetos. Eso es algo que, por suerte, se viene desplomando”.

La artista propone revisar eso que llamamos “arte contemporáneo”. Argumenta: “Termina siendo un juego privado donde lo único que hacen es repetirse y citar. Si llegás a entender una cita, te sentís Dios —y se ríe—. ¡Mi problema es que yo nunca entendí!”.

La única obra de la muestra que deja ver un personaje humano se llama Mi cuerpo es mío. Cuando se le pregunta a la pintora sobre este cuadro, ella lo describe como un homenaje a Romina Tejerina y dice “(...) hay algo que es muy importante defender, sobre todo en América latina y en todos los niveles sociales, que es esta idea de que tu cuerpo es tuyo, que tiene derechos, que hay que cuidarlo y que el Estado tiene que asegurarte esos derechos, y más a esos cuerpos débiles que, a veces, son de niñas”.

Aprovecha, también, para poner sobre el tapete flagelos cotidianos: “Hay una especie de costumbre naturalizada que es pensar que el cuerpo femenino es de todos. Desde las grandes violencias hasta las imágenes que circulan a diario. Me encantaría ver las mismas imágenes de cuerpos masculinos. Si fuera así, yo no tendría tanto problema. Pero no es así, y el cuerpo femenino está puesto desde el lugar del poder, de la ambición, para esconderlo o publicarlo para que no exista”. Y remata: “Somos todas recancheras, remodernas. Tenés un cuerpo, lo ponemos, lo hacemos, lo reventamos, nos reímos, lo masacramos y bancátela, después vos tenés que ser mujer, tener hijos, tratar de ser feliz...”. ¤

Página 12 - 22 de Mayo de 2009

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