Porteñas globales

La artista norteamericana Erin Currier se flechó con el espíritu batallador de las mujeres de Buenos Aires y definió como porteñas a una serie de luchadoras mundiales.

Por Dolores Curia

Rebecca Gomperts es la creadora de una unidad de auxilio ginecológico que realiza tareas que van desde proveer información sobre anticonceptivos hasta consumar abortos en barcos-clínicas anclados en aguas internacionales a mujeres de países en los que esta práctica es ilegal. Naomi Klein es una periodista sindicalizada, anticapitalista rabiosa y autora del libro No Logo, best-seller mundial. Marina Silva es una amazona moderna y ecoamiga que lucha contra la deforestación de los bosques tropicales y a favor de los derechos aborígenes en Brasil. Amy Goodman alterna entre su labor antropológica y los quehaceres de una corajuda corresponsal internacional –herida en acción– de Democracy Now!, radio norteamericana y pacifista. Rosalina Tuyuc Velásquez es una tenaz luchadora por los derechos mayas en contra de las atrocidades del ejército guatemalteco. Es hija y esposa de desaparecidos, diputada de su país y miembro del Foro para las Mujeres en los Partidos Políticos.

Todas estas mujeres tienen algo en común: sus retratos forman parte de Porteñas, la muestra de la artista norteamericana Erin Currier en la galería MasottaTorres. Curiosamente, ninguna de las mencionadas es porteña. Las únicas que entran dentro de ese rango geográfico son Ramona, cartonera; Laura, vendedora ambulante, y una chica oriental que la artista conoció en un locutorio. Erin es nómade y en sus viajes por Buenos Aires dice haber

sido flechada por el espíritu batallador de sus mujeres. Es por eso que todas estas combatientes internacionales, tan distintas entre sí, tendrían algo de porteñas. Todas estas personalidades son de carne y hueso y, a la mayoría de ellas, Erin las conoció recorriendo el globo.

Currier ha demostrado interés y compromiso con las causas latinoamericanas y tercermundistas en general desde el principio de su carrera. No es llamativo que el mismísimo Hugo Chávez se encuentre en la lista de compradores frecuentes de su obra. En su trabajo, muchas veces, la temática femenina emerge como punto de partida para pensar las problemáticas de los sectores oprimidos y olvidados. Retrata mujeres que dan pelea diariamente en el mundo laboral, político y doméstico, de forma más o menos anónima. Además, en esta oportunidad –casi haciendo honor al título de la muestra–, Erin pidió específicamente que parte de lo recaudado por las ventas se destinara a la revista Hecho en Buenos Aires.

La artista mezcla una técnica pulida con un collage de desperdicios. Aunque Erin hable de trash, es basura muy “cuidada”. Nada de elementos perecederos, siempre basura gráfica y minuciosamente seleccionada. Entre ella, el espectador atento reconocerá saquitos de té, envoltorios de tampones y bombones de marcas familiares.

Currier resignifica la basura del Tercer Mundo y la convierte en arte para el Primero. Se ríe de los materiales nobles. Su obra es un alegato por la reutilización sustentable y una denuncia contra el consumismo feroz. Quizás un poco romántica, Erin entiende al arte como un modo de intervención y transformación de la realidad, estableciendo relaciones directas entre la praxis artística y la política.

© 2007. MasottaTorres