DIVERSO PICTORICO

El arte contemporáneo y su maquinaria tan bien predispuesta a posicionar las últimas tendencias y procedimientos novedosos, posiblemente encuentre poco espacio temporal para enfrentarse a obras que requieren y exigen del espectador tiempos y percepciones diferentes.

Pocas de las nuevas propuestas - acorde con la estructura de pensamiento contemporáneo- llevan al espectador a un espacio de tiempos más lentos y contemplativos.

Ante esta situación tan movilizadora que le propone el arte actual al receptor, situación que por demás no esta exenta de una fuerte carga espectacularizante, mediática y altamente discursiva, cabria preguntarse ľuna vez más- que lugar le ha quedado a la pintura, y al acto individual del encuentro con la obra en un momento en el cual todo el acontecer artístico pareciera desarrollarse a partir de experiencias mas rápidas, directas y entretenidas.

La pintura, exige un tiempo y una dinámica diferentes; una ubicación del espectador capaz de poder abordar las múltiples posibilidades desde las cuales los artistas se sitúan al producir sus obras. Una multiplicidad de propuestas que incluyen no solamente poéticas diferentes sino desarrollos pictóricos diversos.

Esta propuesta apunta a las diferencias y cruces existentes entre siete artistas que articulan sus poéticas a partir de la pintura y que con una impronta realista y figurativa conducen la mirada del espectador hacia diversas cuestiones.

Desde críticas al sistema establecido, tal es el caso de las simbólicas obras de Marcelo Pelissier que centralizan una crítica política poniendo en juego los íconos y mitos de la sociedad capitalista occidental, junto a las obras de Miguel Ronsino, que con una apropiación encubierta de imágenes mediáticas alude de manera indirecta a instancias sociopolíticas de la Argentina reciente . Ambos artistas capturan la mirada del receptor y la disparan hacia una relación que se establece entre la pintura e instancias de crítica histórico-sociales.

En la línea de una estructura de sentido mas subjetivista y privada que lleva la mirada hacia espacios simbólicos y procesos internos de reconocimiento se presentan las obras de tres artistas: Gabriela Salgado que a partir de estampado de loza inglesa y de collages de revistas Mucho Gusto , realiza un trayecto memorioso tanto en el orden mas personal como comunitario, donde la idea de fragmento, intersticio, recorte y memoria juegan un papel principal a la hora de estructural el sentido. Las obras de Jorge Pietra se ubican aproximándose a esta perspectiva subjetivista en ese espacio del pensamiento que no es ni sueño ni vigilia y donde aparecen las imágenes aleatoriamente, superpuestas, activándose unas a otras, situaciones vivenciales que no pertenecen al mundo de los sueños, pero tampoco son relato de lo real. Por su parte Andrés Labaké alude permanentemente a la fragilidad, lo inestable y precario de toda estructura humana en términos psicológicos, mediante débiles e indescifrables construcciones.

El problema netamente pictórico volcado específicamente al paisaje está tratado desde dos perspectivas diferentes, las obras de Adrián Paiva son netamente un despliegue formal, cromático del paisaje tigrense, su problemática es puramente formalista y poética, en algunos casos con una fuerte importa gestualista o bien desarrollando enmarañadas y contenidas situaciones vegetales, mientras que Elena Blasco describe la urdimbre del paisaje urbano mediante la superposición, las transparencias, las diferentes situaciones fragmentadas, confusas, contradictorias vividas al unísono que plantea toda gran ciudad.

Con variados cruces y múltiples diferencias, estos artistas trabajan desde lo pictórico, con fuerte anclaje en las herramientas propias del medio, pero nunca en un planteamiento a la disciplina en sí, como ocurrió en décadas inmediatamente pasadas. Hoy los artistas ya no necesitan cuestionar el género, no es una mirada hacia el interior de la disciplina, sino simplemente pasan la existencia que los rodea por el tamiz de la pintura.

Maria Gnecco
agosto 2009


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