Que viva la mezcla

Con una selección de obras de los artistas que habitualmente exhiben en ella, la galería MasottaTorres compone una muestra que puede ser vista como una declaración de principios. Una mezcla donde no intervienen marketing ni modas.

Por: Cristina Civale

 

No queremos ser políticamente correctos, queremos salir del modelo de la colección Taschen, no apostamos a lo marketinero, seguimos con mucho rigor aquello en lo que creemos". Estas palabras, que suenan como un manifiesto, son la explicación de uno de los directores de MasottaTorres –una de las galerías que más creció desde que fue inaugurada, hace dos años y medio– del eclecticismo en la selección de sus artistas. La libertad en el armado de su colección se advierte también en la muestra colectiva de los diecisiete artistas de su staff con que la galería cierra el 2009. La exposición, Carne picada, es una mezcla de "distintos tipos de carne –dice Damián Masotta, cabeza creativa junto a su socio César Torres– que, mezcladas, tienen sabor exquisito".

En esa mezcla están por ejemplo las pinturas de gran tamaño de Juan Pablo Inzirillo, un joven mendocino, actualmente la estrella de la galería, y el mejor vendido en la última edición de arteBA. Mezcla de street art con percepciones cordilleranas y negros absolutos que recuerdan a la obra de Basquiat son su marca registrada.

En otro arco generacional, se encuentran las pinturas de Emilio Reato, un artista en sus largos cuarentas, ganador de más de 50 premios nacionales e internacionales pero con escasa proyección en el circuito de coleccionistas. Recién ahora su obra empieza a tener la gravitación que merece la originalidad de su imaginario.

En este cóctel carnívoro se destacan también las fotografías de la noruega Linda Cartridge, que pasa seis meses en Oslo y seis en San Telmo. En Carne picada expone dos fotografías tomadas clandestinamente en el Parque de la Ciudad, obras que le valieron la persecución policial y que como resultado transpiran la travesura de la escandinava en Sudamérica.

Las pinturas urbanas de Ignacio Sosa reflejan un curioso manejo de la luz donde sus personajes, hombres y mujeres imprecisos, como fuera de foco, podrían plantarse en cualquier ciudad del mundo o ser fantasmas sobrevivientes de una catástrofe indescifrable.

Cierta exhuberancia tropical marca las obras de Javier Lodeiro y Florencia Orunesu en la construcción de paisajes que sólo pue den hallarse en un imaginario tan hiperreal como las obras que construyen en contraste con los paisajes llanos y abandonados de Guadalupe Fernández.
Las retratos en pleno orgasmo de Diego Beyro son el punto más caliente de la exposición que tiene su mayor curiosidad en la obra de Yudi Yudoyoko, un indonesio residente en Montevideo, que construyó un ploteado con íconos de un cómic propio que parodia figuras sagradas hindúes y que se exhibe en una columna. La obra se vende por metro cuadrado y de ella sólo existen cincuenta metros que se ofrecen para empapelar paredes o hacer bastidores o para cualquier otro uso. Se exhiben también trabajos del gran Premio Nacional de pintura 2009, Jorge Pirozzi, así como de Diego Bastos, Miguel Bordese, María Ibáñez Lago y Miguel Ronsino.

Curiosamente la galería, que hizo capote con las ventas en el Barrio Joven de arteBA en 2009, este año se quedó fuera de la selección, para sorpresa de los galeristas y también de algunos miembros de la organización. Los stands de ese apartado de la feria van a concurso y el jurado no apostó a la estética propuesta por la galería. ¿Juego justo? Damián Masotta todavía no sale de su asombro ni puede ocultar su amargura por esta exclusión de arteBA, el escaparate anual indiscutido para los galeristas nacionales. "Con dos años de existencia, en 2009 fuimos los que más vendimos en el Barrio Joven y se nos cerraron las puertas para 2010. La lógica de los jurados que se repite por todos lados es la estética del no molestar, –dice Masotta, intentando entender–, una estética sólo relacionada con un arte leve, superfluo y sin alma".

Masotta habla sin dejar de lado el glamour de la inauguración de Carne picada, con una copa de champagne en la mano, con tristeza pero sin resentimiento. "El establishment del arte los pone como legitimadores de estéticas que no son más que la copia de modas internacionales globalizadas, parecen no querer dar lugar a un arte de identidad y potencia argentinas. Es una historia que se repite desde hace mucho", se lamenta, y sigue atendiendo a los invitados, que hacen estallar la sala de exhibición en la celebración de la propuesta que la galería configura con sus artistas, a los que apuesta con fidelidad, sin temor a equivocarse, a pesar de esta exclusión y de las que, quizá, deba enfrentar en el futuro.

Revista Ñ - 19 de Diciembre de 2009

© 2007. MasottaTorres