Atípica muestra une a tres potentes pintores

Por Laura Feinsilber

Ciertas muestras hacen que el espectador no salga de la sala de exposición de la misma manera de la que entró. Que tres artistas se reúnan sin el más mínimo propósito de halagar la mirada es una actitud atípica. No se podía esperar otra cosa de “Bizarra, El Museo del Rayo” en la que intervienen Marcelo Bordese, Carlos Masoch y Miguel Ronsino.
La obra de Bordese (Córdoba, 1962) escarba en lo religioso, lo místico, lo perverso, los claroscuros de la existencia humana, la blasfemia. Su pintura está ahora más alejada, en lo formal, de dorados, rojos y fuegos renacentistas. Se ha vuelto más delgada, casi transparente, ha profundizado su diabólica fantasía enfatizando el dibujo de seres mitad humanos, mitad animales, un bestiario fantástico de imágenes perturbadoras quizás visibles en el sueño.
Carlos Masoch (Buenos Aires, 1953) estudió pintura con Néstor Cruz y Gabriela Aberastury. Ha realizado ilustraciones para Página 30, El Surmenage de la Muerta y tapas para discos de artistas, entre ellos, Charly García, Memphis la Blusera, Juan del Barro, así como escenografías para Ricardo Bartis.
Este artista puede atrapar en pequeño y mediano formato todas las debilidades del ser humano en clave irónica en el que concentra una galería de personajes y situaciones que poco tienen de inocentes, salvo las apariencias. Desfilan políticos, curas, el hombre de la calle, niñitas con un aura virginal rodeadas de animalitos del bosque; en un caso, vestida de azul, de espaldas al mar, osito peluche, muñecas con idénticas ropas, ¿qué hace? “mete la mano en la lata”. Otra, rodeada de palomas, flores, con grandes ojos acusadores, señalando con un dedo índice a la manera de las madonas de la iconografía renacentista. Las escenas son, a veces, desopilantes, pero detrás de ese humor, aparentemente el hombre no tiene salida. Es inevitable.
Todo tiene carácter teatral, fondo de paisaje, las imágenes siempre perturbadoras no obstante ese aire de cuentito, están en suspenso, el espectador, quizás le encuentre un final.
En 2004, con motivo de una muestra individual de Miguel Ronsino, (Chivilcoy, 1968) señalábamos que pintaba con intensidad, sus cuadros llenos de pintura brava, empastes y también delicados gestos. Más adelante, esa naturaleza ala que es tan afecto, tenía carácter escenográfico con un cromatismo que abordaba sin pudor. Flores, pájaros de mirada humana, perturbadores y fantásticos, pueblan sus cuadros en los que no le teme al barroquismo de la imagen ni al de su densidad matérica. No es pintor de cambios, por lo contrario, afianza su interés por la naturaleza, en absoluto idílica, por momentos ominosa, ya que hay seres al acecho que la habitan. Obra atemporal que desafía el canon de la banalidad, de la profusión de imágenes en las que, como señalaba Jean Baudrillard, “no hay nada que ver”.
Usamos la palabra perturbadora para referirnos a la obra de los tres artistas, es que ellas dejan huellas, tienen consecuencias estéticas, proponen interrogantes, hay que mirarlas con detenimiento. Masoch, Bordese, Ronsino creen en la pintura, están a contramano del vacío de la imagen, y principalmente no nos dejan indiferentes.

 

Diario Ambito Financiero - Suplemento de espectáculos
Viernes 12 de noviembre de 2010

 

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